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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Día Internacional del Niño


Queridos amigos/as: Día de reflexión y análisis acerca del gran valor que es un niño.
Transcribo un párrafo de una de mis obras: Es de suma importancia que el niño sea contemplado en sus primeros años  y en el  reducido, pero riquísimo escenario que son los ámbitos por excelencia de su educación y  aprendizaje: hogar y escuela. Sí, a ese pequeño  gran ser humano, desconocido por los mayores, al que hacemos objeto de nuestras anticuadas manías sobre la práctica educativa,  al que manipulamos, chantajeamos,  al que tantas veces, sin saberlo, humillamos, al que ignoramos y en el que  solemos ver más al adulto que deseamos que sea que al niño que en realidad es, y al que, siguiendo modas actuales, en muchas ocasiones, explotamos con total irreverencia a su derecho a vivir en plenitud la infancia.
El niño es el gran valor que debemos custodiar. Seamos conscientes de nuestra gran responsabilidad y de la  gran trascendencia que para ellos supone.
"Dame los primeros siete años de vida de un niño y te diré lo que será el hombre del mañana".



 Esta es la casa, la ropa, la comida, la cama..., de un hombre. Dicen que es drogadicto. Dicen que es borracho. Dicen que es ladrón. Dicen y dicen tantas y tantas cosas... Yo, sinceramente, solo digo una: tuvo siete años. Y solo me hago una pregunta: ¿dónde estábamos, dónde estamos todos?

lunes, 17 de noviembre de 2014

Que canten los niños


No todo esta perdido mientras podamos ver  en el rostro de un niño su magnífica sonrisa.

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
18/XI/2014
Próximo el Día Internacional del Niño, un recuerdo me asalta esta madrugada: a la puerta de mi casa una adolescente con un recién nacido en brazos, que lloraba como un desesperado, me abordó al coger mi coche. ¿Me puede dar algo para comprar leche al niño? La miró a ella, miro al bebé y mi cabeza se torna un mare mágnum de tiernas y compasivas interrogantes, alguna de las cuales formulo: pero, ¿dónde vives tú...? ¿Y qué haces fuera de tu casa con un niño tan pequeño? ¿Tienes marido? No, no tengo marido y vivo en una chabola por la salida de Chinales. Los llantos del niño me estremecen. Lo cojo, lo acuno y un escalofrío me corre por el alma: sí, es evidente que tiene hambre De ahí que le indico que me siga, al tiempo que pienso cómo hacer algo más que despedirla con una limosna.
Entramos en una cafetería próxima. Los cuatro habituales de la hora se solidarizan con aquel bebé que más bien parece un puñado de huesecillos. Lo urgente e inaplazable es darle de comer y acallar aquel desconsolado llanto que nos parte el alma. Unos momentos después, la chavalilla daba un largo biberón al insaciable infante que se queda dormido como un bendito. Dimos direcciones donde recabar ayuda y algo de dinero y vimos cómo se alejaba aquella chiquilla con sus historias tan tremendas.
Hoy por hoy es raro el día que los telediarios no nos den noticias de niños que pasan hambre, de niños enfermos, que sufren o que trabajan. Poco muy poco, individualmente, podemos hacer. No se arregla el mundo a base de limosnas. Yo creo que se acabó aquello que llamábamos caridad, cuando un pobre llamaba a nuestra puerta. Urge, sí, hablar de justicia: ¿por qué unos tantos y otros nada? En cada niño que llora, que sufre...,veo a mis hijos, a mis nietos, porque los niños, sean del color que sean, sienten, desean todos por igual. Movamos siquiera un dedo para que canten los niños y no lloren porque de sus lágrimas somos responsables todos.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Carta de la Constitución a niños y niñas


¡Viva la Constitución!

Hola, queridos niños y niñas! Soy la Constitución Española de 1978! ¡Jajaja! ¡Vaya carita que se os ha quedado! Lo siento pero hoy es mi cumple y quiero escribiros esta carta para que  sepáis  de mí. 
¡Vale, vale, ya sé que  puedo pareceros un rollo de mucho cuidado y sé que de mala gana habéis atendido a las explicaciones que os han dado en el cole, en el instituto y tal vez en vuestras casas!
 Pero ya soy mayorcita y quiero ser yo misma la que me presente a vosotros. ¡Ea, pues aquí estoy! Es mi cumple porque yo también tuve un día de nacimiento, el 6 de diciembre de 1978 y, por cierto aquel acontecimiento de mi entrada en la vida española estuvo rodeado de  ¡siete padres!, hombres muy importantes que, tras tiempo de  discutir, pensar y concluir, consiguieron darme la vida con autorización del gran pueblo español y empezando  nada menos que por vuestro rey, Juan Carlos. Por eso, aunque me llamen Carta Magna, carta grande, yo nací  tan bebé como vosotros.
¡Ah, se me olvidaba por si os equivocáis en los años! ¡Cumplo  35 abriles? ¿Qué os parece? ¿Que voy para viejecita? ¡Ni que lo soñéis! Me queda mucho que hacer por todos, pero quiero seguir recordando aquel día primero de mi nacimiento. Veréis yo no soy de carne y hueso como vosotros sino de papel y eso no es ni bueno ni malo, sino distinto. En mí se puede leer y escribir por los siglos de los siglos sin más problema que el de todos: que mis hojas, con los muchos años, se pongan algo chungas, amarilleen y esas cosas, pero seguiré siempre ahí, en la historia de este país. 
Mi nacimiento fue debido a que tras la muerte de Franco -seguro que algo os han contado de él- España empezó a estar revuelta porque la gente pedía libertad, igualdad, participación, etc. Y, claro, los  que por entonces mandaban en España, dijeron: Esto no puede seguir así. Tenemos que  hacer algo para que todos los españoles estén contentos y vivan en paz. Ese algo fui yo que ya tenía seis  hermanas fallecidas. ¡Qué día aquel más importante! Sí, porque mis primera  vestidura, que me duran los años que tengo, no fue  otra que la bandera de España, y las letras que en mi hojas se escribieron hablan  de los derechos y deberes que tenéis todos. Así que mi nacimiento fue tan importante que  hoy es fiestas para todos los españoles, no hay cole, ni comercio ni nada: solo celebrar mi día, y yo sigo feliz queriendo que se cumpla todo lo que en mí se escribió, aunque se pueda acordar cambiar algo porque nada permanece igual eternamente.
Y ya me despido. Quiero oíros cantar  a todos aquello de cumpleaños feliz y que lo cantéis  muy fuerte porque puede que me empiece a flaquera el oído. ¡Adiós amiguitos, que lo paséis muy bien este día  y que me leáis que todo, todito lo que hay escrito os interesa!  

martes, 6 de noviembre de 2012

Los niños ante la muerte

EDUCACIÓN/DIARIO CÓRDOBA

Mentir a un niño equivale a cerrar
la puerta de todas las verdades.

Un niño de siete años llegó una mañana a clase con los ojos rojos de haber llorado. Mi abuelo se ha muerto --me dijo--, y dice mi madre que se ha dormido, pero yo lo que sé es que el cura se lo ha llevado al cementerio. Tratando de consolarlo, le dije: Es que en el cementerio se guardan todos los abuelitos dormidos... Muy resuelto, y yo diría que indignado, el pequeño exclamó: En el cementerio se guardan los muertos, y si mi abuelo está dormido, mejor que mi madre lo guarde en mi casa.
Avergonzada por mi torpeza reflexioné y me dije: Decirle la verdad es siempre el mejor remedio que podemos ofrecer a un niño. Una tontería para salir del paso puede resultar una mentira capaz de borrar todas las verdades que le queden por aprender en la vida.
Solo han pasado unas fechas del Día de los Difuntos y me parece, por tanto, recurrente el tema de la muerte, que en mucho sigue siendo tabú para la gran mayoría de padres y maestros. Por lo general, hasta los cinco años, los pequeños creen que la muerte no es algo definitivo e irreparable, sino que lo entienden como algo provisional y reversible. Entre los 6 y 8 años, los niños comienzan a desarrollar un entendimiento más realista sobre la naturaleza y consecuencias de la muerte.
Y no podemos evitarlo por mucho que queramos inventar mágicas historias que los alejen de la realidad: Si mi abuela está en el cielo --me decía otra pequeña--, ¿por qué no cae, cuando llueve? Tratar de protegerlos con explicaciones vagas o inexactas puede crearle ansiedad, confusión y desconfianza.
Yo creo que, cuanto antes, debemos educarlos en una aceptación serena de la realidad que es la vida y la muerte como proceso natural en todos los seres vivos.
Las explicaciones como "se fue al cielo" ó "está dormido" crean grandes interrogantes sin respuesta. Abrir, sin miedo, la puerta de la verdad debe ser lo primero siempre y en todo.