martes, 12 de noviembre de 2013

Exigencias sin género


DIARIO CÓRDOBA/EDUCACIÓN   
 13/11/2013
A la puerta de un colegio, cada día, se repetía el mismo espectáculo: un matrimonio separado pugnaba por llevarse a su pequeña de nueve años, alumna de mi clase. ¡Se viene conmigo! -gritaba el padre- ¡Se viene conmigo! -gritaba la madre-. Y se peleaban e incluso agredían a la pequeña, tirando de ella de un lado para otro.

No sé si con acierto, intervine: creo que lo mejor -dije- es que hable ella. Tímidamente, la niña dijo: yo quiero estar mejor con mi madre, porque si me voy con mi padre, ¿quién me va a hacer la comida? ¿Quién me va a despertar para venir al cole? ¿Quién me va a lavar la ropa? Un compañero de clase dijo: ¡pues que tu padre aprenda a lavar, a guisar, a... Mi padre -interrumpió la pequeña- es ya muy grande para ir al colegio, y él lo que sabe es subir del bar y ver el fútbol.

Increíblemente sorprendida por lo que oía, me dije: En esta clase tendría que haber una lavadora, una cocina, una plancha... Es cierto que, hoy por hoy, son muchos los hombres que, por razones laborales de las mujeres, comparten tareas domésticas, pero no habría que llegar a esa situación, prácticamente de emergencia, para que, con toda naturalidad, los varones, desde que son pequeñitos, se concienciaran de que la igualdad real, respetando, claro está, las diferencias biológicas, consiste en ir de la mano, hombres y mujeres, en lo que a derechos y deberes respecta.

Y es cierto que en las aulas se les calienta la cabeza a los alumnos con el tema de la igualdad, pero poco hacemos más allá de airear palabras. Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que el objetivo primero de la educación debe ser el de preparar a los alumnos para la vida, y la vida hoy conlleva exigencias sin género.

Atención, pues, a competencias sociales y ciudadanas, autonomía, etc. En la escuela es donde se aprenden cosas nuevas y donde se deberían corregir las "viejas".

sábado, 9 de noviembre de 2013

Entrada a mi blog queridos nietos/as




Más, sí, mis queridos nietos y nietas. ¡Y lo que queda! La abuela tiene cuerda. Así que, paciencia, mis queridos y lindos nietos y nietas.


No hay que  correr muchos para encontrar maravillosos paisajes,
Mirad al cielo y veréis que cerca los tenemos, 
aunque a veces, tal vez,  demasiado lejos.

No caigáis en la barata tentación de venderos a cambio de unos  gramos o kilos de fama porque, si lo hacéis, pronto comprobaréis que lo que habéis comprado ha sido una columna de humo. 

No envidiéis algo que tengan los demás. Seguro que cada uno de vosotros  tenéis mucho que los demás no tienen. Nadie lo tiene todo. Por eso nos necesitamos para  convivir y no para  "jugar "a guerrillas absurdas.

Si sabéis algo que no saben los demás, no presumáis de ello. Posiblemente vuestras oportunidades de saber no sean las del otro. Por eso, o no hablad de vuestra “sabiduría” o si lo hacéis, hacedlo con humildad.

Más de una vez me habéis manifestado vuestros deseos de ser famosos, y es un deseo muy legítimo, pero no confundáis fama con éxito. La fama es propiedad del mundo de afuera. El éxito pertenece a nuestro mundo interior. La fama es cosa de los demás. El éxito es cosa nuestra.

Para nada os midáis con los demás. Los seres humanos no dan jamás la misma talla. Somos únicos, irrebatibles; no hay dobles.

Si acaso creéis, en alguna ocasión, que os olvidan, reflexionad, porque tal vez ese olvido sea una excelente memoria.

No midáis el tiempo en años, días, horas… El tiempo es una sucesión ininterrumpida de momentos y siendo conscientes de ello y llenándolos de sentido, encontraremos la medida de nuestro tiempo.

Cuando por las calles veáis un coche fúnebre, deteneos un instante y guardad silencio. No se trata de una mercancía sino de un ser humano que otro día, tal vez ayer, hacía vuestro mismo camino.

Cuando conozcáis o sepáis de un delincuente, no lo condenéis a la ligera. Pensad que todos, al nacer, somos como estrellas caídas del cielo. Tras cada delincuente hay una familia, una escuela, una sociedad y hasta una iglesia. Yo pediría barrotes para todos.

No apartéis  a nadie por su condición. Mejor por su educación, pero siempre  con el mayor respeto y sencillez

viernes, 1 de noviembre de 2013

martes, 29 de octubre de 2013

Más que maestros



DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN
ISABEL AGÜERA 30/10/2013

    
 Cada alumno/a es un misterio, una esperanza, un sueño.
Luego no tratemos de convertirlos en sumandos.   
                
Sabido es por todos como al empezar el curso y recibir alumnos nuevos damos por hecho que traen el bagaje de conocimientos que les corresponden y nos limitamos a llevar a cabo el nuevo programa de temas. 
Pero he aquí que tropezamos con una realidad que, al reconocerla, culpamos a los compañeros que nos han precedido: no siempre ni todos los alumnos han alcanzado el nivel que deducimos por edad, curso, etc. ¿Qué hacer, pues? Por lo general, tras ese primer reprobar al profesorado antecesor, y así excusarnos de responsabilidades futuras que nos corresponden, un suma y sigue sin más que antes o después terminará en un rotundo fracaso. 
Tendríamos que rotularnos en oro la siguiente obviedad: no se puede edificar una segunda planta sin que haya una primera. Luego, antes de impartir nuevos conocimientos, habría que saber si hay base para sustentarlos. Y no importa que tengamos que descender y construir dicha base, asegurándonos, así, de que nuestra siembra va a estar bien abonada y, por consiguiente, nos dará el fruto deseado que no importará tanto su dimensión como su degustación que será siempre individualizada o lo que es igual, a medida de cada capacidad o talento. 
Yo no soy un maestro -dice Bernard Shaw-, solo un compañero de viaje al cual has preguntado el camino. Yo te señalé más allá, más allá de mí y de ti mismo.
 Y el camino que debemos señalar a cada alumno tiene que ser apto para la medida de sus pies. Café para todos no vale en educación. 
De ahí, que la enseñanza sea algo tan complejo que no se soluciona con cambios sobre cambios de sistemas, aireadas estadísticas, acusaciones políticas, etc. Hay que de una vez entender, y procurar los medios, para que entre otras cosas, la enseñanza sea   personalizada, porque no todos los alumnos aprenden lo mismo, ni siguen el mismo ritmo,  ni cuentan con los mismos medios. ni tienen el mismo grado de inteligencia. ¿Por qué, pues, medir con la misma vara?



Aprendemos a educar



¡Qué felicidad la de los niños/as 
cuando los mayores participan en sus juegos, 
responsabilidades, en sus vidas!!


Queridos compañeros/as: Ya por algún  espacio  de mi competencia he aclarado que no se trato de dar lecciones a nadie sino de transmitir conclusiones,tras toda una vida entregada a la maravillosa profesión de ser maestra.



 Importante y trascendente tarea la del educador, hombre nuevo, capaz  de entender que el ayer se finiquitó, se canceló, y resulta  conveniente conservar y transmitir lo mejor que hubo en él pero  jamás debe tratar de repetirlo.

No, no estamos ante una generación perdida; estamos, y es una realidad palpable, ante una filosofía nueva que, en mayor o menor grado, profesamos todos, si bien son los jóvenes quienes, en la plenitud de sus años, la asumen  y radicalizan sin pudor.

Los educadores en general, y por supuesto los padres, tenemos la obligación y responsabilidad de conocer, sin frivolizar, sin anatematizar, sin dramatizar los auténticos problemas que plantean hijos y alumnos, a fin de romper viejos esquemas y reconducir valores de siempre por métodos nuevos, al tiempo que tratar de vincularlos con los emergentes, atributos que caracterizan al chico, al joven de hoy, hijo de esta nueva modernidad.

Saber hacer hogar es un valor que, para nada, tiene que ser privativo, como lo ha sido siempre, de las mujeres. Los hombres, hoy día, más que nunca, tienen que  trabajar en esta dirección porque  el trabajo de las parejas, las muchas salidas, el tiempo que los hijos pasan en colegios, etc. debe tener un feliz retorno, cada día, al calor de un cultivado y bien cuidado hogar.   

Valorad, pues, vuestra vivienda pero sobre todo, valorad el que ella sea un confortable y sencillo hogar. Y que los hijos, además de padre y madre, tengan un lugar que recordar, un hogar que transmitir.

La educación es comunicación, es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados."

Hay que tener capacidad para callar y escuchar las razones del otro porque de lo contrario tan sólo serán como ruido que se oye sin saber ni tan siquiera de dónde procede.