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martes, 21 de enero de 2014

La escuela, taller de socialización

DIARIO CÓRDOBA/EDUCACIÓN
22/1/2014



                Trabajo de grupos: ordenado desorden



Coincidieron en su opinión la mayoría de mis alumnos, tras terminar un proyecto de investigación que estaba concebido, en primer lugar, para promover el trabajo de grupos: Lo que más nos ha gustado del trabajo -decían- ha sido conocer las casas de nuestros amigos, conocer a sus familias, ver sus fotografías y también que, al terminar, aunque nos hemos peleado muchas veces, somos mejores amigos.
La socialización es el proceso que transforma al individuo biológico en individuo social por medio de la transmisión y el aprendizaje de la cultura de su sociedad. Con la socialización el individuo adquiere las capacidades que le permiten participar como miembro efectivo de los grupos y de la sociedad global.
Las principales agencias de la socialización son la familia, la escuela, el grupo de compañeros, el trabajo, los medios de comunicación, y hoy, con gran fuerza, las nuevas tecnologías. Pero he aquí que los educadores, por lo general, nos olvidamos por completo de que la educación es, en definitiva, un hecho social y que, como tal, las relaciones humanas se deben promover, incitar, activar..., sin tregua posible y mediante las estrategias que más convengan, dada la edad y circunstancias psico-evolutivas de los alumnos.
Pero nuestros métodos -justo salvar excepciones-, son estáticos, están estancados en el inmovilismo, hasta el punto de que, con nuestro ancestral concepto de la disciplina, obstaculizamos cualquier tipo de relación espontánea que pueda surgir, y esto lo hacemos en aras a la buena marcha de una clase que, sin saberlo, estará, posiblemente levantando entre los alumnos barreras infranqueables, con las cuales irán tropezando, en una absoluta inadaptación social, el resto de sus vidas.
El hombre debe hacerse, y en esta importante tarea a la escuela le toca un gran papel, pero esta maravilla no se logra practicando 

martes, 11 de junio de 2013

Maestros que educan

 EDUCACIÓN/DIARIO CÓRDOBA
 12/06/2013

La principal lección que debe impartir  un maestro/a debe
ser la lección de la vida en todas sus facetas.
Un día en clase observé que una alumna de ocho años, trabajadora y cumplidora siempre de todos los deberes, estaba como ausente de cuánto yo explicaba. Me acerqué y le pregunté qué le sucedía. Con lágrimas apuntando por el ingenuo horizonte de su mirada, exclamó: ¡Pues que mi madre sigue teniendo la nariz tan grande que los niños se ríen de ella! Un poco extrañada por lo de..."sigue teniendo la nariz tan grande", volví a preguntarle: ¿Y por qué dices que sigue? ¿Acaso de un día a otro podemos cambiarnos algo de nuestro cuerpo? Si nos operamos, sí -contestó con firmeza-, y mi madre se ha operado de las trompas.
Aunque parezca un chiste es real y, aunque pueda provocar risa, es, para un niño, un auténtico drama cualquier malentendido.
Toda mi vida de trabajo presencial en las aulas, he tratado de aclarar errores de tremendo calado. No obstante, no siempre se conocen las interpretaciones que los niños hacen de cosas que oyen, que ven, que intuyen en los mayores y que son palabras, imágenes, pensamientos "literales" para ellos.
De ahí que siempre haya creído necesaria una asignatura de contenidos meramente formativos que abarcara, no solo el ancho y largo del vocabulario, sino todo lo referente a sexualidad, hábitos, convivencia...
Y no estoy reivindicando cuestiones políticas, ni mucho menos, sino conocimientos básicos y elementales sobre muchos y variados temas. ¿Tienen idea clara nuestros alumnos de qué alimentos pueden traerles a lo lago de la vida buenas o malas consecuencias? ¿Le hablamos sin tapujos de las consecuencias de las relaciones sexuales a edades tempranas como las que hoy día se conocen? ¿Y del tabaco, del alcohol, de la convivencia?
Un maestro debe preparar a sus alumnos no solo para la vida laboral, sino ante todo, debe saber educar para la vida como personas, que son y tendrán que convivir en sociedad, lo cual conlleva mucho más que los libros de texto y punto.
Y este  aprendizaje no tiene edad. Cuanto antes, mejor