sábado, 4 de octubre de 2014

Enseñar y corregir


Dos compañeros de trabajo, hombre y mujer, en una reunión de empresa, discutieron. El hombre, en el fragor del altercado, ofendió gravemente a la mujer  que, por respuesta, guardó  silencio. 
Pasado algún tiempo,  y mediante carta, con numerosas faltas de ortografía, el hombre pidió ayuda a la mujer para un asunto familiar urgente. Enterados amigos de la mujer exclamaron: ¡Es tu hora! Págale con la misma moneda. La mujer  dijo: no se trata de  “cobrar” sino de enseñar.   
Y contestó al escrito del hombre accediendo con gusto  a su petición, pero procuró  que en su texto aparecieran  bien escritas las detectadas faltas de ortografía. El hombre leyó y releyó satisfecho la carta de la mujer cayendo en la cuenta de cómo en la suya había descuidado sus ortografía. Se dijo: ¡Vaya si puse faltas! ¡Qué prudencia la de esta mujer! También en aquella ocasión fue prudente. ¡Si señor! Merece mi respeto y sobre todo merece que no vuelva a equivocarme.

Sin moraleja.

jueves, 2 de octubre de 2014

ANIMACIÓN A LA LECTURA CON NIÑOS"



TERCERA EDICIÓN 
En la lectura no existe el imperativo. De ahí que tengamos que buscar fórmulas para que estimulen a una lectura voluntaria y placentera.
                                         ………………………………..



En mis muchos intentos de buscar estrategias de cara a la lecto-escritura,  se me ocurrió una vez recurrir a historias mitológicas que escribía y leía a los alumnos de nueve a diez años. Aquellas historias  conllevaban magia y misterio por lo que a los alumnos/as  les entusiasmaban. Un día les dije: ¿Por qué no inventáis un personaje mágico, dios, diosa, héroe, etc. con poderes para lograr  que el mundo, la gente sea mejor?
 Resumiendo: me desbordó la propuesta: El hombre Cebolla, El hombre Girasol, La mujer Ortiga, etc.
Empezaron por dibujarlos y a continuación describieron sus facultades y poderíos. Realmente apasionante. Un niño, con problemas de crecimiento, dibujó y rotuló EL Dios Patas Chicas, un diosito  que no podía andar, hijo de la Diosa de las Lunas al que el Dios de los Pájaros logró que le  crecieran alas de forma que podía volar, etc. Me impactó  tanto que escribí esta obra, siendo yo la primera que viví las Aventuras del Dios Patas Chicas. La Editorial CCS le cambió el título y loeditó con ilustraciones lindas. A cada capítulo –cuento- le siguen una serie de sencillas y creativas actividades para trabajarlo.
Comienza así:
 Era una noche muy  negra de verano. La diosa de las lunas, arrastrando la fina cola de su camisón de seda,  lloraba  a orillas del mar.
-¡Qué lástima de mi hijo! -exclamaba- ¡Con esas piernas tan cortas que tiene y que no le crecen  no podrá correr y llegará tarde al colegio! ¡Y se reirán de él, y será como un enano...!  ¡Qué triste estoy!
Y de aquellos ojos, que eran como dos lunitas brillantes, caían lágrimas que se llevaban las olas. El mar estaba sereno. Parecía un bebé dormido, y las olas, como volantillos de un traje de gitana, llegaban graciosas y juguetonas a la orilla, cantando en un murmullo de espuma:
Somos las olas y nos queremos divertir,
corriendo por la arena   antes de dormir..
Somos las olas y queremos jugar
y que los niños nos salten, 
    cuando se van a bañar.

La diosa de las lunas seguía llorando y repitiendo:
-¡Pobre niño mío! ¡No podrá nadar! ¡No podrá jugar...! ¡Qué pena tan grande tengo!
De pronto del mar negro, negro y sereno comenzaron a salir burbujas que, como pompas de jabón,  flotaban por encima de las olas y explotaban en luces de colores. Una voz, que parecía un trueno, rugía  en tempestad:
-¡Diosa de las Lunaaaas...! ¡Diosa de las Lunaaas...! -gritaba la voz, etc. etc.

martes, 30 de septiembre de 2014

La privacidad es un valor


MAESTROS
DIARIO CÓRDOBA/ EDUCACIÓN
 01/10/2014
El derecho a la intimidad implica que por nada del mundo se puede invadir la esfera de otros, como pretenderíamos  se hiciera con la propia. Frase de Luis G. Carrillo Navas que comparto totalmente ya que, como otros muchos valores, la privacidad anda perdida en la hojarasca de medios que la allanan sin pudor alguno y con el consiguiente daño que tales licencias arrastran. Todos, pequeños y mayores, tenemos derecho a que se respeten aquellas cosas que nos pertenecen y que no deseamos compartir.
El campo de la educación es tan extenso que por mucho que deseemos alejar nuestra mirada, jamás alcanzaremos tal horizonte hacia el cual, no obstante, debemos caminar tanto padres como maestros. De ahí que este valor no solo deba ser discurso recurrente en determinadas ocasiones sino que hoy día, cuando a todos los niveles se pisotea la privacidad, tendríamos que estar en trance de alerta constante para formar a nuestros hijos y alumnos, ya que la violación de este valor es el “pan nuestro y de cada día” por parte de todos.
No se puede entrar en una habitación con la puerta cerrada sin llamar previamente y pedir permiso. Y da igual que sea la de un hermano que la de unos padres o fuera de casa. No se pueden leer los mensajes del móvil de nadie absolutamente y por mucha confianza que medie. Tampoco, aunque conozcamos la clave de un determinado correo electrónico, podemos acceder a él sin permiso. No podemos registrar cajones, armarios taquillas de alguien por mucha confianza que tengamos, ni leer cartas, ni cotillear, curiosear y hablar de la vida de los demás, revelar confidencias y un largo etc.
Vulnerar la privacidad es humillar, pisotear sin pudor algo tan íntimo y personal como es este monto.