miércoles, 7 de marzo de 2018

INTEGRACIÓN Y PROBLEMAS

DIARIO CCÓRDOBA / EDUCACIÓN
A estas alturas, y como si de un tema tabú se tratara, los maestros y maestras, con respecto al tema de la integración, optan por aceptar, y aparentemente de buen grado, a cuantos alumnos de especiales características les son asignados. Para mí el tema, ni es tabú, ni tan complejo y penoso como resulta en la práctica cotidiana, porque la cuestión es clara: ¿es posible o no es posible la deseada, aireada y, por qué no decirlo, hasta sufrida integración? Por mis aulas, en tantos años, cuando la palabra integración no formaba parte del vocabulario habitual en educación, pasaron niños sordos, ciegos, paralíticos, etc. Y mis estrategias y amor por ellos eran remedio infalible, pero eran alumnos que tenían facultades para entender y relacionarse.
Otra cosa bien distinta es el sueño de integrar a toda consta determinados alumnos con deficiencias tales que la imprescindible comunicación es por excelencia una utopía que, en la rutina de los días, se traduce en perjuicio para los demás alumnos, quejas de los padres y carga insufrible para los profesores en cuyas espaldas se carga toda la responsabilidad.
El elemento fundamental para desarrollar un buen aprendizaje es la creación de un clima adecuado en el aula. Dice Rogers: «debemos encontrar un modo de desarrollar un clima en el sistema que esté centrado en la facilitación del aprendizaje». Y esto consiste en contribuir para que las personas evolucionen según sus propios intereses, que estén interesados, abiertos a la investigación, al diálogo, opinión, etc.
La atención, el interés, la participación, etc, son, por tanto, factores imprescindibles, y de este modo, solo así, cuando el alumno se sitúe en algunos de estos niveles, será posible la integración. El forzar igualdad, cuando existen deficiencias que lo hacen imposible, no deja de ser una cruz para el profesorado.



sábado, 3 de marzo de 2018

Un alumno en la sombra


Los mayores de la clase me pusieron sobre la pista:  En una habitación en la ribera  hay un chaval que se droga. Estuvo un año con usted. ¿No se acuerda? Era un nene alto que vivía con el padre.... Ahora vive solo.
Durante unos días, anduve inquieta. Recordaba perfectamente a aquel alumno que, puntualmente, siempre limpio, impecable ocupaba su sitio, al final de la clase, ya que dada su estatura podía impedir la visión de los demás. Era inteligente, silencioso, trabajador. Aparentemente era un alumno sin problemas. Solo en una ocasión hablé con el padre que se expresó con toda claridad: mi  José -no era su nombre- y yo vivimos solos. Mi mujer nos dejó y se fue a Mallorca con otro. Nos ha hecho polvo, sobre todo a mí. El niño no lo lleva mal.
Me pareció que, no obstante la opinión del padre, aquel muchacho debería estar sufriendo un drama. De ahí que hablara con él. Pero fue escueto, reservado, cauteloso en su respuestas: me da igual. Si se ha ido, ella sabrá. Yo vivo con mi padre... No quise inmiscuirme más en el tema. Tenía la impresión de que para “José” era incómodo el hablar de su madre y de su actual situación, pero no dejé de estar pendiente de cualquier gesto que me pudiera dar oportunidad de acercarme a él. No hubo mucho tiempo.  José terminó brillantemente el curso. Al despedirme de cada alumno en particular, él me dijo: ya no vuelvo más a este colegio, porque me voy  al pueblo con mi abuela...¿Y eso? -le pregunté algo extrañada-. Es que mi padre se va a trabajar a Barcelona. ¿Te gusta ir al pueblo? Me da igual -contestó en un tono de total indiferencia-. Bueno, pues acuérdate de nosotros. Escríbeme, si quieres, alguna vez...
Habían pasado  justo diez años. No descansaba a gusto. En mi cabeza, aquel muchacho,  alumno al que, jamás debí  “olvidar” en la creencia  de que todo le iría bien. Lo imaginaba como abandono, como olvido... al que yo había contribuido y hacia el cual me sentía comprometida con urgencia. Hablé con el director. Sí; lo recordaba. Su nombre figuraba en las actas más antiguas del colegio, y su baja por motivos de desplazamientos, y su brillante expediente de aquel curso y de los anteriores
Con ayuda de algunos alumnos de los más responsables y con toda prudencia, pude encontrarlo.  Me acompañaron hasta una casa de vecinos con reminiscencias de tiempos perdidos. ¡Ahí es! -exclamaron- ¡En la puerta gris!
Y se alejaron. Allí,  me encontré, a boca­jarro, en un patio compartido en el que, pegadas a sus respectivas ventanas, diez  o doce personas clavaban sus miradas inquisidoras en mí. Una puerta gris, con muchas manos de pintura, se abrió, tras golpearla sigilosamente varias veces. Frente a mí una buhardilla descuidada con intenso olor a tabaco negro.
¿Puedo entrar..? -pregunté al hombre que era ya José y que con mal aspecto, barba descuidada, ropas  desarrapadas, con la cabeza perdida entre los hombros, sólo  como respuesta exclamó, dando un portazo y mirando de reojo a las mujeres del patio: ¡Tías putas y marranas! Como único mobiliario, una cama catre cubierta por una manta de cuadros y, como única decoración, una estampa de María Auxiliadora, sujeta, por cuatro chinchetas, a la pared. El chaval, mi desconcertante descubrimiento, se quedó allí, agazapado en el catre: ciego, sordo, mudo...
Pero yo había oído su voz, había advertido, en los instantes que mediaron entre abrirme la puerta y el regreso a su retiro, la corpulencia y cierta distinción de su fi­gura. No obstante, fue todo tan rápido que más bien se me antojo un ligerísimo visaje. Echada en la pared, opté por una postura serena y casi reverente, como si temiera romper, con mi presencia, el vaso de barro de algún recóndito maleficio, o profanar la intimidad sagrada de un místico retiro.
Pasaron unos minutos. El muchacho, con un leve movimiento de su cuerpo, me invitó a sentarme junto a él en la única silla que, como todo confort acompañaba a la cama catre.
Fue entonces, cuando me decidí a pronunciar las primeras palabras:¿Te acuerdas de mí?......   Me han dicho que estabas aquí  y... Sin levantar la cabeza, silenciando con un gesto mi boca, simultaneando quejidos y silencios, largos y angustiosos silencios, suspiros y lágrimas, prorrumpió en un dra­mático monólogo:
Sí la recuerdo, pero todo está escrito. Por favor, no diga nada. Todo está dicho. ¡Qué terrible oscuri­dad! Todo es negro como en mis miedos de niño. Todo está encantado por la mano siniestra del destino. Detrás de mí, no hay nadie. Mis sueños están rotos en mil peda­zos. Todo está muerto, ¡muerto, muerto! - repetía en una apocalíptica desola­ción -  Es mejor estar muerto que vivir en la sombra de un recuerdo: ¡mi madre! Ella era mi mamá. sabía bordar, pintar... Tenía las manos finas como la seda! ¡Maldita sea! Se fue. Yo tuve juegos de niño, y besos, y días de Reyes, y Primera Comunión, y cumpleaños... Ahora no sé cómo fueron aquellos días... ¿qué puedo hacer yo? La droga me consume, pero... Mi viejo no sabe. Me manda dinero pero no s
Sus palabras impusieron  tal silencio, tal dramatismo que mi larga ya experiencia en el trato con alumnos  quedó reducida a un no saber qué hacer, qué decir... Al fin, notándome impotente dije algo, echándole un brazo por los hombros.  No sé muy bien qué puedo hacer por ti, pero no voy a dejarte...  ¡Seguro, seguro..! No se preocupe -me contestó en un gesto que me pareció dulce-. Todo está es­crito, todo está hecho..
Desde luego, no lo abandoné.  Hoy sé por él mismo que terminó los estudios y es un excelente informático. Está casado, tiene hijos...  Cuando lo encontré en buhardilla  tenía veintidós años.




miércoles, 28 de febrero de 2018

DÍA DE ANDALUCÍA 2018


Hoy, Día grande, Dia de Andalucía, emocionada y agradecida, repito las palabras  finales  de mi discurso el día que tuve el honor de recibir la Medalla de Plata de Andalucía.

Andalucía  ha dado un gran salto, Andalucía camina, sin duda, y camina sin pausas,  pero Andalucía somos todos y cada uno, piezas pequeñísimas, tal vez, de este gigantesco puzzles que es  nuestra tierra, que es España, que es el mundo pero, desde esa  pequeñez  individual,  somos  imprescindibles porque si bien no podremos cambiar la dirección del viento, sí podremos ajustar nuestras velas para navegar hacia ese soñado día llamado  futuro. Por ello, no olvidemos el pasado pero seamos, ante todo, padres del porvenir.
Y termino parafraseando a Martín Lutero King  
Sí, amigos míos, a pesar de las enormes dificultades, yo también tuve un sueño, sólo que mi sueño no es de hoy, sino que ha sido, y lo seguirá siendo, una constante en mis noches y en mis días, un sueño que se remonta a mi infancia en ese bendito y bello pueblo, Villa del Río.
Sí, tuve un sueño: que los andaluces entendamos que no importa tanto lo que esperamos que se nos dé como lo que Andalucía espera quedemos  nosotros
Que entendamos que el trabajo, sea cual fuere, debe ir en la dirección del cambio, sinónimo de progreso…
Sí, tuve, tengo un sueño: que Andalucía, tierra que tanto amo y por la que ha transcurrido mi vida, sea escenario de hombre y mujeres libres, capacitados, responsables, cultos, con gran energía interior capaces de plantearse un proyecto de vida y llevarlo acabo a pesar de los obstáculos y de las dificultades.

Sí, yo tengo un sueño  que se llama esperanza, y como el poeta  digo y termino
 No se mantiene absolutamente nada  sino por la infanta Esperanza,
porque por ella todo siempre empieza de nuevo.
la esperanza siempre promete y garantiza todo,
asegura el mañana para hoy,
y esta tarde para el mañana,
y la vida para la vida

y hasta la eternidad para el tiempo.  

viernes, 23 de febrero de 2018

Día de la Educación

Celebramos, hoy un gran día, el Día de la Educación. Son ya decenas de años escribiendo sobre educación y siempre dos ingredientes se aúnan como si fuera la primera vez: ilusión y amor. Hablar del magisterio es algo tan delicado, tan importante y trascendente que siento como si mis mejores palabras no sirvieran ni tan siquiera para esbozar los sentimientos  que, desde niña, han anidado en lo más profundo de mi ser  sobre esta profesión que,  sin ejercer de maestro, me transmitió el mejor de los maestros: mi padre.
Ser maestro de escuela es gozar del privilegio de poder conducir a  los alumnos hasta el umbral de sus propias mentes donde yacen adormecidas las auroras de sus   muchas competencias. Ser maestro de escuela es respetar la individualidad y creatividad, ilusionada y expectante, de cada uno de los alumnos, olvidados de un tradicional y malsano paternalismo que engendraba individuos sumisos, impersonales, receptores de la escala de valores, implacable, patriarcal y dominadora, de sus maestros. Ser maestro de escuela es notar que, de una manera natural, sencilla y transparente, fluye del alma,  contagiosa, la felicidad, la alegría, el amor, la generosidad, la compasión...   

Y una vez más en este día mandamientos que considero  debe tener presentes un maestro.
  
A mi nieta Amalia, estudiante de magisterio y a tantos jóvenes que me piden orientación, esta especie de "mandamientos" que considero debe tener en cuenta todo maestro:

1. Un maestro no debe ir a la escuela con el propósito prioritario y único de enseñar. A flor de piel, el conocer, amar y hacer felices a tus alumnos.  

2. No olvides que tus alumnos no son cera para moldear, sino el futuro que está en tus manos para hacerlo crecer en libertad, autoestima, creatividad…

3. No pongas fin a las tareas educativa al finalizar el horario escolar. Muy al contrario, los alumnos, sus problemas, sus vidas… deben ir contigo a lo largo y ancho de los días, porque deben formar parte de ti, desde el mismo instante que entren por las puertas del aula.  

4. No te propongas imponer justicia sin escuchar. Sería manipulación pura y dura. 

5. No dejes que un alumno se aleje de tu lado triste, humillado, decepcionado. 

6. No mientas a tus alumnos. Recuerda que tú no eres un sabio sino un ser humano con grandes limitaciones. La verdad no humilla sino que engrandece.  

7. No trates de ser copiado por por tus alumnos. Procura, por el contrario, fomentar su individualidad. Su futuro no puede ser fotocopia de tu, tal vez obsoletas, creencias.

8. No dejes que tus alumnos se vayan sin que hayas pronunciado su nombre, dedicado unas palabras, mirarle a los ojos… 

9. No midas a tus alumnos con la misma vara; no son número y cada uno de ellos es único e irrepetible.

10.No hables para ser escuchado; habla siempre para ser comprendido.

11. No emprendas una tarea sin haberla motivado con anterioridad. Sería como emprender un camino a oscuras.

12. No trates de que un día sea igual a otro. La creatividad debe ser el arma que los haga únicos y especiales.

13. No niegues a ningún alumno la posibilidad de rectificar, evitando, así, desenmascararlos y humillarlos.

Y no olvides que la felicidad que tú puedas propiciarle, tal vez sea la mejor, la única que los salve de las muchas contrariedades del futuro, pero sobre todo, no intentes que sean a tu imagen y semejanza, sino que crezca en ellos las personas que son libres, autónomas, portadoras de grandes valores que descubrirás y potenciaras desde la observación y creatividad.

Mi nueva obra, RECUERDOS DE UNA MAESTRA, dedicada a mi nieta Amalia, estudiante de magisterio, a mi hija Isabel María, a mi hermana Estrella, a mi hermana Mª Jesús (q. e. p. d.), a mi sobrinos maestros, a mi nieto Gonzalo, profesor de inglés. Sin pasión de ninguna clase.