martes, 16 de junio de 2015

Vacaciones a la vista

DIARIO CÓRDOBA/EDUCACIÓN
  17/06/2015

Un año más vacacionamos estás páginas, ventana que nos permite mostrar opiniones, noticias, inquietudes, proyectos, etc. en esta gran aventura que es el educar y que, en breve, será competencia, en absoluto, de los padres.
En mi obra, 'Buenas ideas para educar a los hijos', propongo, de forma sencilla y práctica, infinidad de ideas para una convivencia feliz y constructiva con los hijos, nada más conveniente y necesario para este tiempo de vacaciones. El mejor legado -V. Battista- de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día. ¡Qué hermosa frase ésta con la que coincido totalmente! ¡Y cómo recuerdo las tardes en las que mi padre, tras terminar su trabajo, nos dedicaba tiempo en sana y relajada convivencia para compartir enseñanzas, historias, educación, en definitiva!.
Poco tiempo o ninguno es el que se le dedica, hoy, en exclusiva a los hijos, dado que, por una parte, delegamos -absurdo autoengaño- por completo en los profesores de turno, y por otra, el apretado horario que llevamos y que nos impide ocuparnos directamente de todo lo concerniente a su educación.
Bueno, pues, más o menos, un mes disponemos para proyectar con ellos actividades que de seguro marcarán huellas en su vida y para siempre. El espléndido calor que reinó sobre mi infancia -Camus- me ha privado de todo resentimiento.
Queridos padres: Programar paseos, lecturas, excursiones, secciones fotográficas, hablar, pero sobre todo promover temas y escuchar, sonsacar opiniones, ir al cine, ver la tele... siempre bajo vuestra atenta mirada, siempre bajo vuestro mismo paraguas, siempre con la mirada puesta en el mismo cielo, pero, eso sí, con diferentes ojos porque en los nuestros puede haber desencanto pero en los de nuestros hijos tan sólo hay ilusiones por estrenar.

Colaboremos a que cada estreno sea una fiesta de futuro.

miércoles, 10 de junio de 2015

Recordando a una alumna huerfana

Buenos días, amigos: una real y triste historia que me nace en el recuerdo como  tantas y tantas… Una frase  mía, que he tratado, y trato de hacer realidad, etiqueta válida para mi cuadernillo  de recuerdos: 
El magisterio imprime carácter. De ahí que el maestro lo sea dentro y fuera de las aulas,  ayer, hoy y mañana. De ahí que cada alumno sea para él un hijo más que le regala la vida.


Al llegar estas fechas, el recuerdo de una historia  más en mi vida profesional, me viene a la memoria fue la vivida con la pequeña Rosa.
Junio bochornoso  de hace ya .. ¡años! Rosa, una pequeña de mi clase, como algunas tardes jugaba con mis hijos en la puerta del bloque. Era la octava de diez hermanos. Sus padres carecían de medios. De ahí que, al salir de la escuela, algún que otro día, me la trajera a casa.  
Atardecía. En mi terraza jugaban al parchís. De repente, un telefonazo, una trágica, monstruosa noticia: la madre de Rosa había muerto repentinamente. Un pueblo cercano, donde yo ejercía, revuelo de vecinos, niños y niñas merodeando la pobre casa de Rosa. Un portal repleto de gente, un comedor rebosando gritos, un patio de geranios, una habitación chorreando  humedad, una mujer cadáver, comida de hijos que, asus­tados, se arrebujaban unos contra otros.
Rosa, menuda y delicada, se desvaneció en mis brazos: una silla, mucha gente, bo­chorno, botellas de refrescos, comentarios, suspiros…Unos minutos después, Rosa, recobrado el conocimiento, lloraba en mi regazo. Sentí que las piernas me temblaban y que ni una palabra de consuelo salía de mi garganta seca por la emoción.  
Y me rebelé contra el destino del pobre ser humano, y me hice el propósito de suplir en lo que pudiera, con mi cariño y atención, la falta de aquella mujer, madre de tantos hijos. Rosa, a pesar de mis dificultades económicas, definitivamente vivió en mi casa durante varios años. Se hizo mujer prematuramente. Un día, su padre la reclamó. La necesitaba para hacerse cargo de la casa, al casarse las dos hermanas mayores.
Muchas veces fui a verla: cuidaba a sus hermanos, mante­nía verde el patio, había reparado las manchas de humedad y, como una buena madre, guisaba, planchaba... Pero también Rosa se casó. Se fue a vivir a Valencia Durante bastantes años, nada supe de ella.
Un día, hacia media mañana, la portera del colegio me anunciaba una visita. Era Rosa. Toda una mujer. De la mano,  dos niños casi bebés. Me abrazó, lloró y de una bolsa sacó un pequeño paquete: Tome -dijo -. Aunque a usted le gustan los libros y esas cosas, le traigo algo que  hubiese alegrado a mi madre: un costurero con muchos acericos. Y es que usted lo hizo conmigo como una madre. Se portó tan bien... Nunca he podido olvidarla. 
Y cada año, cuando llegan estas fechas, aquella pequeña que se quedó sin madre, cuando jugaba lejos del dolor y muy lejos de la tragedia de la muerte, aparece  en mi memoria menudita, preciosa y juguetona.


sábado, 6 de junio de 2015

Una alumna acosada

En una ocasión, una alumna de  once años comenzó a estar triste. De notas sobresalientes pasó a constantes suspensos que yo trataba de evitar dándole  nuevas y más elementales oportunidades. Comenzó también a faltar con frecuencia a clase, y la madre me mandaba mensajes: está enferma. 
Una mañana un grupo, de compañeros, de forma totalmente espontanea, comentó: no está mala. Es que hay unos nenes de la clase que le dicen cosas, le meten cartitas en la cartera  y se ríen de ella.  A  ellos no les dije nada, pero, a partir de aquel día, dentro de mi coche, pude descubrir de qué alumnos se trataba. Llamé al padre de la niña acosada y le conté lo que sucedía. Su reacción fue de lo más violenta, pero  lo pude aplacar. No –le dije-  por ese camino, no; sería peor. He podido conseguir una de esas cartitas – cuando  estaba en el recreo la encontré en su cartera- y la he fotocopiado para que ella no la eche de menos. Creo que lo mejor que puede hacer es, sin que la niña se entere, tratar de hablar y enseñarle la carta a cada padre de los niños acosadores y decirles que si volvían a molestar a su hija, llevaría la carta a la policía.
No sé cómo lo hizo exactamente pero aquello funcionó y lo más importante desde mi punto de vista: no se  descubrió a los acosadores. Eran niños y su reputación podía quedar marcada. No se enteró la niña acosada que se podía haber sentido humillada al intervenir su padre y de aquella manera. Creo que todo quedo entre los padres y yo.
Mis conclusiones: prevenir, detectar, vigilar y actuar con diplomacia para no hacer daño a niños.

Por cierto, yo fui una niña tremendamente acosada y lo pasé tan mal que todavía recuerdo el olor de aquellos chavales que me amargaron, durante un tiempo. la vida. Otro día lo cuento  

miércoles, 3 de junio de 2015

Una alumna deprimida


No podemos conocer las maravillas del mar, si sólo nos interesamos por la superficie. Tampoco un maestro podrá serlo en plenitud si sólo son alumnos sus alumnos, cuando los tienen delante para enseñarles las “cuatro reglas” 
I. Agüera

Hoy reuerdo especialmente a mi alumna, Carmen –nombre falso-, morena, silenciosa, tímida... Estuvo ausente  del aula una semana Interesada por ella, pregunté a los compañeros si sabían qué le sucedía: ¡Ésa está “chalá”! -exclamó  un uno de ellos- Le dan depresiones y se pasa los días llorando.
Necesitaba urgentemente hablar con ella. La llamé por teléfono. No se moleste -me decía una voz, suplicante y melodiosa-:  soy su madre. Ya está bien. Mañana va ya al colegio.
¡Cómo recuerdo a aquella pobre niña! Asustada, sentada a mi lado, me contaba en voz muy bajita: me pongo muy mala. Me siento como dentera por todo el cuerpo y me tienen que llevar a urgencias. No sé decirle al médico qué me pasa pero me quiero morir de mal que me pongo. Yo no quiero vivir así.
Sabía exactamente de qué me hablaba porque también yo, en ocasiones, había sufrido de tan penoso  mal. Traté de conocer algo de su vida en familia, con los amigos, etc. Y no me hizo falta gran esfuerzo. A poco que le insinué temas, me contó que su padre bebía y trataba mal a su madre, y que ella se encerraba en su dormitorio a llorar.
Sinceramente, no sabía qué hacer. La historia de aquella niña sobrepasaba mis competencias, porque, ¿cómo intervenir  en algo tan enquistado en el seno familiar? De sobra sabía que de poco sirven en estos casos medicinas, palabras de aliento y  aparente comprensión. El deprimido las recibe con indiferencia, y es ahí donde radicaba mi dificultad. Decidí, por tanto, evitar “los consejos” y actuar en línea de acompañarla cuánto pudiera y ganarme totalmente su confianza.
Así me convertí en su mejor amiga. Venía a mi casa, me llamaba por teléfono, la invité y fuimos al cine varias veces, etc. Poco a poco fue cambiando su rostro triste, sus ausencias y comenzó a interesarse por los trabajos del aula compartiendo con todos  recreos y actividades.
Un día, como todos los alumnos, voló. Estuve años sin verla pero  una mañana  la encontré en unos grandes almacenes. Iba acompañada de un chico: ¡Qué alegría! –exclamó  al verme- Mi maestra –se dirigió al chico-.   Ella me ayudó tanto…Si no hubiera sido por ella…Todavía recuerdo lo sola  que estaba y lo mal que me sentía…
Hoy día está casada, tiene dos preciosos hijos y es feliz.

martes, 2 de junio de 2015

Educar, arte de crear

DIARIO CÓRDOBA/EDUCACIÓN
 03/06/2015
Mis alumnos muestran sus creativos murales

De entre las muchas definiciones que sobre educación he leído y escuchado, me quedé hace años con una de Gines de los Ríos que dice:  La educación es la herramienta que ayuda a las personas a gobernar con sentido sus propias vidas.
Me gusta especialmente este concepto de educación porque coincide plenamente con el mío. Desde mis primeros pasos en el magisterio comprendí algo trascendente que he tratado de seguir fielmente a lo largo de mi vida profesional: educar es algo más que instruir a los alumnos en contenidos conceptuales, a fin de que sepan y aprendan mucho sobre determinadas materias. 
Educar ha sido siempre para mí el arte de crear, abrir, despertar mentes para que, desde la autonomía y libertad, puedan regir, administrar, gobernar sus propias vidas. Y desde esta concepción de educación, el maestro, el educador en general deja de ser un mero instructor para convertirse en el guía que, marchando en cabeza y cola a un tiempo, despeje caminos, facilitando así inéditos y dilatados horizontes, creando, en definitiva, escenarios nuevos, significativos y válidos.
Es evidente que se impone, con urgencia y ante todo, diálogo, ejemplo, desdramatización de ciertas actitudes. Se impone, pues, mucho más que nunca el estar al día en todo lo que a intereses de nuestros tiempos compete  y se impone una figura nueva del docente: actual, dialogante, dinámica, inserta en el mundo y conocedora de cuánto sucede a su alrededor. Un maestro que entienda que cada día hay que crear la escuela porque la de ayer, si bien como referencia y mejora, vale para tenerla en cuenta, pero jamás para repetirla. 
Ojalá llegue el día que, por fin, entendamos que educar es, ante todo, transmitir la ilusión de ser fieles al valor trascendente que somos y aprendamos a conocer a los alumnos en todas sus facetas y valores para ser eficaces mediadores en todo lo que a ellos respecta. Es a mi modo de entender, la principal  misión del maestro.