miércoles, 8 de julio de 2015

Verano Creativo


  Trabajos hechos por niños de cuatro y a seis años.

Es muy raro que pase un día sin que  nos quejemos de cómo los niños desde muy poca edad,  están enguachados a los móviles, ordenadores, etc. y cómo llega a tal extremo la adicción que nada quieren que los aleje de estos medios.
No obstante, por mi cuenta y con mis nietos, cuando hemos coincidido en vacaciones, les he organizado  estrategias creativas y divertidas.
Algunas, y  según el tiempo  de que disponga, iré transcribiendo en esta página por el bien de nuestros niños a los que tenemos que prestarle atención y, sobre todo, complicidad y participación
La primera de ella le llamo, COMPONEMOS FIGRAS DE CRISTAL   piedrecitas”
 Y el material al que me refiero no es otro que la gran variedad de piedrecitas de colores y formas que podemos adquirir por muy poco dinero.
En mis tiempos de niña recogía cristales –pocas veces de colores que casi no existían- los machacaba y con ellos  componía figuritas  que colocaba sobre piedras de mármol blanco que encontraba por los campos.
De cara a que jueguen y creen mis nietos, tengo en casa una caja llena de estas piedrecitas. Cuando vienen, van derechos a buscar la caja. La vacían en el suelo y entablan entre ellos  y yo una sana competencia.
Esta actividad tiene poco que explicar, ya que basta, este material y motivación sugerente por parte del profesor, para que los alumnos trabajen con ellos. Se les puede sugerir motivos. 
Las creaciones pueden hacerlas simplemente sobre una mesa e incluso en la  arena, si están en la playa o en una mesa.

viernes, 3 de julio de 2015

Un nieto agradecido

Mi querido nieto Gonzalo: De sobra sabes cuánta emoción  he sentido al leer estas palabras tuyas en Redes Sociales. ¡Yo sí que te estoy agradecida por tu cariño, siempre presente en todas las cosas que tienen que ver conmigo! Agradecida a ti, a tus padres que te han enseñado, sobre todo con el ejemplo, cómo agradecer y querer.
Sinceramente, y como conoces, son muchos los títulos y titulillos que tengo pero este, en el que compartes tu brillante carrera conmigo, es el más importante de mi vida. Por eso  lo he enmarcado y colocado en el mejor sitio de mi casa.

Gracias, mi  nieto lindo. Te quiero mucho, mucho.

miércoles, 1 de julio de 2015

Ruego del adolescente



Vuestra caña de pescar ya no me sirve; enseñadme a manejar la mía
  
Mamá, ¿estás ahí? Sí, te oigo “cacharrear” en la cocina, y oigo  tus pasos de acá para allá en incesante trasiego y oigo también  el motor del coche de papá que llega, cansado como tú, siempre buscando y queriendo lo mejor para mí y mis hermanos. No sé qué deciros.
¿Puede ser que me haya nacido una voz sin palabras todavía?      
Ahora soy miedo, inseguridad, vergüenza, deseo... A veces, papá, quisiera ser aquel niño que se enganchaba a tu cuello y te comía a besos, y quisiera, mamá, seguir siendo el pequeña que se dormía en tus brazos entre mimos y caricias, pero...   
¿Puede ser que me hayan nacido  caminos  sin pasos todavía?
Un extraño sentimiento de vergüenza, un incomprensible pudor parece empeñado en distanciarme de vosotros. El papel de niño ya no me gusta. El papel de hijo silencioso y sumiso se me queda pequeño. Los consejos que me dais me parecen no estar hechos a mi medida. Quiero que alguien me escuche, cuando hablo, quiero que mis cosas sirvan para algo, quiero que alguien confíe en mí y deje de llamarme niño. Quiero asistir a  clase para discutirla, aceptarla, rechazarla, cambiarla…  Ya no quiero ir por la calle para admirarme de lo que pasa por ella, sino para gritar que nada me causa admiración.
¿Puede ser que me haya nacido   una mente sin rumbo todavía para conocerme?
¿Puede ser que me haya nacido una persona reborde, protestona, gritona, disconforme, incrédula sin norma, una persona  desconocida que tenga  que educar?
Quiero, no obstante, deciros que os necesito, que os quiero más que a nada y a nadie del mundo, y quiero daros las gracias por soportar las estridencias de mis músicas que necesito porque con ellas ahogo las mil interrogantes que brotan en mi alma en los instantes: ¿Quién soy...? ¿De dónde vengo...? ¿A dónde voy...?
Y quiero daros las gracias por autorizarme la puerta cerrada, conscientes de mi presencia real.  Calláis, me comprendéis, me acompañáis...  Y yo, sin poderlo evitar,   ausente, agresivo,  mudo…
¿Estoy o lo parezco? ¡Ah...! una cosa quiero pediros y, por Dios, no la olvidéis:  Aunque os parezca mi paso ligero y alegre mi canción, ¡no puedo con la mochila llena a rebosar de tantas cosas…
¡Cuánto pesa! ¡Una mano, por favor, mamá, papá! Tan solo eso: una mano para encauzar y soportar  mis nacimientos. Os quiero, os necesito; no me dejéis.


domingo, 28 de junio de 2015

Como ser mejores padres y maestros

Mis alumnos  leen y piensan

Buenos y calurosos días, amigos y compañeros  Sigo con el tema que empecé en Facebook, porque considero que en tiempo de vacaciones, y al tener  más presencia de los hijos en las casas, cometemos con frecuencia, grandes errores en nuestro comportamiento.También en las aulas a la hora de enseñar.
Hay una cuestión que siempre me ha preocupado: ¿cuándo, cómo y dónde se enseña a pensar? Creo que es algo que tanto maestros como padres damos por sabido por mera referencia a la edad. Y no es así. Pensar requiere comprender, asimilar, concluir… 
Para tal fin, tengo varias obras publicadas. En una de ellas hago hincapié en la necesidad de entender y reflexionar en lo que se lee y para ello me valgo de una especie de problemas  sin números  -le llamo yo- en el que el lector tiene que pensar, a  modo de acertijo, en la solución. Vamos a ver uno de ellos y qué solución encontráis.
La llamada que no llegó
Dos amigos, Carlos y Elena quedan en llamarse por teléfono a las siete en punto de la tarde. A las siete menos cuarto, la madre de Elena llama al supermercado para hacer un pedido. Termina a la siete menos cinco. A partir de ese momento Elena espera la llamada de su amigo, pero indignada, cuando a la siete y cuarto Carlos no la ha llamado, decide  hacerlo ella para pedirle explicaciones. No obstante, al coger el teléfono cae en la cuenta del por qué no la ha llamado Carlos.
¿Cuál podía ser el motivo por el que Elena excusó a su amigo?

¿Sencillo, verdad? Tratad de que vuestros hijos,  alumnos en un ratito de ocio, lo resuelvan, pero, ¿lo sabéis vosotros? ¡A ver, a ver! Opinad.

miércoles, 17 de junio de 2015

Don Juan

Buenos días, amigos: termina el curso escolar y yo me solidarizo con el magisterio y, desde este aula de mi ordenador, os iré transcrbiendo historias, relatos vividos en el aula donde siempre me sentí feliz. 
Un maestro/a debe ser  la almohada 
donde mejor puede un alumno depositar sus sueños     

El pequeño Juan me llegó a mediados de curso, por un traslado de su padre, que era militar. Repetía quinto de EGB. Aquel chavalillo, rubio, pecoso, mellado, media lengua... era insoportable. A todas horas incordiaba a los compañeros, alborotaba, era indisciplinado, rebelde... Un día, se llega a mi mesa y exclama: ¡Yo soy médico! ¿No lo sabías? Si quieres, te mando algo para el dolor de cabeza -andaba yo por aquellos días con neuralgias-. Siguiéndole el juego, contestó: ¡Vale! ¡Anda, recétame algo! 
Con toda la soltura del mundo, coge un papel y escribe:  Antes del desayuno y cena, tomará dos cucharadas de jarabe para la cabeza.  Y se firmaba: "Don  Juan", y el nombre lo rodeaba con un círculo. A los dos días, sorprendentemente, vuelve a la mesa y exclama:¡Yo soy cantante! Si quieres, te dedico una canción. Algo más tarde, deposita sobre mi mesa una carta. Dice así:  Querida Isabel: Soy tu amigo Juan. Quiero ir a tu casa y que me enseñes tus libros. Quiero estar a solas contigo en el sofá de tu casa. Firmado: "Don Juan". Y volvía  a rodear su nombre con un círculo.
La verdad es que empecé a comprender algo su mal comportamiento: tal vez fuera deseo de notoriedad. Mi atención hacia él  fue ya absoluta. 
Un día, en el recreo, se me acerca: Isabel -me dice-, yo tengo un almacén donde guardo las cosas que quiero. ¿Y qué cosas tienes guardadas?  ¡Tu nombre, tu nombre...! -vocea, mientras se aleja corriendo
Me veo allí, en el recreo, en la esquina de confluencia de dos patios, en una mañana de mucho frío, rodeada de casi mil niños, con unas lágrimas que me nublan los cristales de las gafas. ¡Yo, sólo yo era objeto del cariño de aquel pequeño! ¿Cómo era posible aquello?  Juan se convierte en mi obsesión: lo siento a mi lado, le hago algunos sencillos test, entre ellos el del dibujo de la familia. Me llama la atención la dispersión  de personajes que observo en sus dibujos. Lo interrogo: ¿Quiénes son estas personas? ¡Pues mi padre, mi madre, mis hermanas, mi abuela, mi madre otra vez...! Pero, ¿y tú?  Yo no estoy. A mí no me quieren. Mi madre me dice que   ¡ojalá me salga un cáncer en la boca para que no hable tanto!  Pero yo tampoco los quiero a ellos y, cuando gane dinero, me voy de mi casa para siempre. Me caso y tengo mis niños.
¡Pobre "don Juan"! ¡Cuánto amor quise darle! Lo invité a merendar aquí conmigo. Se me presentó arreglado de pies a cabeza. Parecía un hombre con su traje de chaqueta y su pajarita de corbata. Se interesó por mis libros, por mis pinturas... Todo lo miraba con atención, todo era objeto de su curiosidad; la felicidad era como luz en sus ojos.
Después se volvió a cambiar de colegio. Le perdí la pista. Hace aproximadamente un año, en unos grandes almacenes, un guarda jurado me afrontaba: ¿Se acuerda de mí? Soy Juan. Y allí, todo uniformado, con sus pecas y su pelo rubio, transformado en hombre, nos abrazamos sin más palabras, pero los recuerdos se evidenciaban en el silencio que en aquellos primeros momentos nos aunaron.