domingo, 10 de septiembre de 2017

Empieza el curso: historia de vida

Buenos días, amigos: Para muchos niños hoy empieza el curso, primer día para muchos, encuentro con profesores y compañeros, para otros. Cada año, cuando llega este día, el recuerdo de todos mis alumnos y  de mis numerosas aulas en pueblo y en Córdoba, me asalta como cálida ola que por unos instantes borrara el tiempo y me situara en el regazo de Centros Escolares, esperando ilusionada el desfile de mis alumnos. Pero las olas se desvanecen en la playa, y así esta mañana mi ola, tras bañarme  en recuerdos, se esfumó, pero no pudo llevarse el magisterio que tanto amo. Ye es por eso que hoy mi relato –ya contado- tenga como protagonista el escenario de un aula, de un alumno, de una inolvidable  historia.

Han pasado años, pero nunca me podré olvidar de Alias virus -nombre puesto por él mismo-, un chaval de catorce años que de rebote de muchos cursos como repetidor, llegó a mi aula un día. Simulando un saludo militar, exclamó, con una sonrisa entre dulce y pícara, el primer día de clase: ee presenta Ernesto Che Guevara. Un poco desconcertada, le contesté por su nombre:  sea bienvenido a esta su clase, don Miguel. Bajando el tono se expresó en estos términos:  la escuela no mola, seño. Todo el día sentado y sin poder hablar, ¿usted se cree? Mi viejo, que soy un hombre y tengo que estudiar; el dire, que un día me echa, los maestros, que al pasillo... No mola, seño; la tienen tomada conmigo porque mi padre es del partido.
Lo senté en mi mesa y dándole libreta y bolígrafo le dije: ¡anda, escribe lo que quieras!  ¿Lo que quiera?, ¿y no me llevará al dire? No, tranquilo  -le insistí- «escribe lo que quieras que no lo va a leer nadie nada más que yo.
Con letra garrapatosa, escribió una sarta de picardías en las que incluía a padres, maestros, colegio, compañeros, etc. Comprendí al leerlo que se desahogaba a gusto de lo que pensaba y deseaba decir a todos y cada uno.  No está mal -le dije- pero puedes y debes mejorar la letra».Sorprendido, insistió:  ¿y no me va a llevar al dire? Te he dicho que no, anda escribe  ¿Le escribo una historia? ¡Claro, escribe lo que quieras!  ¡Qué guay! ¿Y no se lo va a decir a mi viejo?   ¡Qué no hombre, tranquilo, escribe!.  
Y no fue una historia, sino el triste relato de su vida, salpicada de robos, mentiras, droga...
Era la primera vez que me encontraba en una situación como aquella. Decididamente, era yo la que tenía que ir a él y desde lo que parecían ser sus intereses, caminar juntos. Próximas las vacaciones, me ausenté unos días de clase por enfermedad y cuando volví ya no estaba: lo habían echado.  
Una tarde de belenes y villancicos, derrotado, entró en el aula: ¡qué mala pata -exclamó- ¡Ahora que me empezaba a gustar la escuela!
Durante un tiempo le seguí la pista. Después, se perdió en el pozo de la droga, la cárcel, el sida. De por medio, unas palabras mal escritas: usted ha sido lo mejor que he tenido.

Comprenderéis, amigos, mi emoción cada vez que escribo o cuento esta historia que tuvo muchos más matices. Y no porque yo fuera lo mejor, ¡qué va!, pero lo quise de verdad  y el amor sí es siempre lo mejor.   

miércoles, 30 de agosto de 2017

Una alumna de ausencias

 Al  aproximarnos a un nuevo curso escolar, vamos a ir  reflexionando sobre temas educativos. Hoy, una experiencia, no precisamente para demostrar lo buena maestra que  he sido,  soy.  No, ni mucho menos, mi mayor deseo es que entendamos que un maestro no es solo el profesor de cualquier nivel que da su clase y hasta mañana, no, mi concepto de cualquier maestro o profesor va mucho más lejos: hay que empezar por conocer a los hijos, a los alumnos, conocer su tipo de inteligencia, sus posibles problemas, familias, situación económica, etc. etc.
Para ello, hoy, “Una alumna sumida en ausencias”
Este fue el caso de mi pequeña Cora -nombre falso-. Llegó a mi clase en tercero de EGB. Era una niña sensible, cariñosa... No obstante, se pasaba las horas con los ojos perdidos  en un no sabía yo qué pero que le imprimían un halo de tristeza en una total ausencia de cuanto la rodeaba. Como siempre, al empezar con un grupo nuevo de alumnos, los primeros días fueron de charlas, presentaciones, currículos y alguna que otras actividades de cara a confeccionar un Organizador Previo. y, sobre todo por mi parte, observación atenta a todos y cada uno de mis nuevos alumnos.
Cora, muy a instancias mías, intervenía cuando no tenía otro remedio, pero el  resto del tiempo lo pasaba sumida es sus impenetrables ausencias que comencé por  respetar, tal y cómo si no las advirtiese. Pasados unos días, le pregunté: ¿en qué piensas? ¿por qué no trabajas? Parece que siempre estás en otra cosa. La pequeña, como si  desde el primer día hubiese esperado aquella pregunta, se me echó a llorar sin consuelo. ¿Estás enferma?  ¿Qué te pasa? ¿Quieres que llame a tu madre? -le insistí preocupada-. Es que mi padre -me contestó en incesante congoja- lleva dos noches sin venir a mi casa, y no sabemos dónde está. Como bebe... Y mi padre es bueno, y yo  lo entiendo porque, cuando llega a mi casa bebido, yo le preparo la cama y le ayudo a acostarse, porque mi madre se pone muy nerviosa, pero... ¡no sé dónde está! ¡Y a lo mejor está durmiendo por las calles!
Como siempre, mi primer paso, fue recurrir a la madre que, en idénticas condiciones que Cora, me relató el drama que había en su casa: No sé qué hacer, señorita. Yo sé que mis hijos están sufriendo como yo, sobre todo mi Cora,  pero, ¿qué podemos hacer? ¿No ha intentado rehabilitarse?  Es que eso cuesta dinero y...

También esta vez recabé cuánta información pude de asistentes sociales, hasta conseguir una ayuda para que marchara a Valencia y allí fue posible su rehabilitación y, lo más importante, aquella niña, como otra más, sonreía y aprendía.

martes, 29 de agosto de 2017

ADIÓS, MARIAN

DIARIO CÓRDOBA / OPINÓN
ADIÓS, MARIAN

Días estos de regresos y despedidas. Me duele, me cuesta y me emociona decir adiós a Marian, una pequeña saharaui con la que, desde hace tres veranos y por generosidad y solidaridad de uno de mis hijos, compartimos vacaciones. Una preciosa niña que me regalaba jazmines, que me repetía: abuela, cuéntame cuentos, que acariciando mis manos,  decía «yo quisiera ser así de blanca», una niña del desierto, de piel achicharrada de soles y arenas, una niña desnutrida que cuenta historias que erizan los vellos  hasta de  los más duros oídos, una preciosa chiquilla que sueña con una escuelita blanca, un punto en el desierto, al que tiene que acceder por ardientes arenas. Una hija más, entre ocho de una familia que vio cómo el viento se llevaba su casa de barro y refugiados en la jaima de un familiar se apiñan todos y viven como pueden. Hay quien dice que están acostumbrados y eso no les importa, hay quien dice que traer a nuestras casas a esos niños no arregla nada y hay quien dice que hasta  se les hace daño ofreciéndoles una vida que después no tienen. Bueno, por mi parte, lejos, muy lejos de connotaciones políticas que no son mi tema y que resultan farragosas y complejas, mirando el lado humano del problema pienso que no están acostumbrados, están resignados, y sí se arregla algo con tan generosa acción: al menos una niña come, bebe, se ducha, juega y es feliz en plena conciencia de la provisionalidad que vive y del retorno a los suyos, cosa que, en un  difícil binomio, conjuga en deseos y añoranzas. ¿Que se le hace daño  con una falsa vida? No es falsa; es auténtica y en ella mucho amor y solidaridad que hasta una niña pequeña como Marian sabe agradecer.

Mi querida niña, no sé si volveré a verte, pero siempre estarás en mi corazón, siempre en mi recuerdo, porque te siento, te vivo como una hija más, una nieta que tirada en un desierto, resistes como tus mayores, los embates de un mundo que solo alza su voz cuando le interesa, pero quiero que sepas, mi querida, mi pequeña Marian, que tú interesas y mucho a esta familia que te recibe cada verano, a esta abuela" que tanto ama a los niños y que para siempre te llevarán muy dentro del alma, sin duda mejor lugar que el desierto. Y que canten los niños aquellos que sufren dolor, que canten porque han apagado su voz.


lunes, 3 de julio de 2017

Mini-relato: coeducación

A la puerta de un colegio, donde yo estaba destinada, cada día, a la hora de la salida, se repetía el mismo espectáculo: un matrimonio separado pugnaba abiertamente por llevarse a su pequeña de  nueve años, alumna de mi clase. ¡Se viene conmigo! -gritaba el padre- ¡Se viene conmigo! -gritaba la madre-. Y se peleaban e incluso agredían a la pequeña, tirando de ella de un lado para otro.
Como prácticamente todos los alumnos y alumnas del Centro eran testigos, en la clase se suscitó el debate: ¿con quién debería irse la pequeña? No sé si con acierto, intervine: que hable ella primero –sugerí-. Tímidamente, la niña dijo: 
-Yo quiero estar mejor con mi madre, porque si me voy con mi padre, ¿quién me va a hacer la comida?, ¿quién me va a despertar para venir al cole? ¿quién me va a lavar la ropa? ¿quién me va a hacer las tareas?  
Un compañero de clase dijo:
-Pues que tu padre aprenda a lavar, a guisar, a … 
-Mi padre -interrumpió la pequeña- es ya muy grande para ir al colegio, y él lo que sabe es subir del bar y ver el fútbol.
Sorprendida por lo que oía, me dije: en esta clase tendría que haber una lavadora, una cocina, una plancha... En todas las clases del mundo tendríamos que preparar, tanto a mujeres como a hombres, para que el día de mañana sepan hacer algo más que “subir del bar y ver el fútbol”, y algo más también que guisar, planchar, lavar...

Efectivamente, en la escuela  y mediante la educación, se debería aprender algo más que “números y letras”. Se debería aprender a ser felices, corrigiendo cosas “viejas” y haciendo crecer nuevas.



miércoles, 14 de junio de 2017

Inteligencias Múltiples

Hoy, en mi artículo de Educación, me refiero a un tema amplio y que en las limitaciones de espacio, tal vez no quede tan claro como desearía, porque es importante saber que además de la inteligencia matemática o lingüística, existe, por ejemplo, la espacial, corporal, musical, etc. Todas y cada una, “salvavidas”, si sabemos descubrirlas y fomentarlas.

DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN
INTELIGENCIAS MÚLTIPLES
De toda la vida entre padres y maestros hemos decidido, definido y catalogado a nuestros hijos y alumnos en dos grandes e inflexibles grupos: listos y torpes. Tradicionalmente se ha tomado como referente de inteligencia la capacidad para resolver problemas de física, de matemáticas, etc. Y desde esta perspectiva, la inteligencia se medía, y se sigue midiendo, a fin de conocer el coeficiente intelectual del individuo y con ello proyectar las expectativas de futuro.
No obstante, la experiencia nos ha demostrado que no siempre sucede así. Por consiguiente, no se puede tomar en tan alta consideración, y como el único elemento de diagnóstico, acerca del éxito o fracaso profesional, el coeficiente intelectual.
Las escuelas psicológicas, desde hace años, contemplan otros elementos además de los tradicionales. H. Gardner define la inteligencia como un potencial biológico capaz de ser desarrollado mejor o peor como consecuencia de factores ambientales. Expone, además, que coexisten múltiples inteligencias, lo que exige una visión más global del individuo. Desde esta perspectiva, el panorama educativo tradicional se nos desvanece. Debemos superar los clásicos prototipos y desde una visión holista -total- promover un nuevo tipo de educación que dé pautas para favorecer el desarrollo integral y global del educando, concebido como sujeto que también refleja negativas acciones.
El holismo no permite la comparación porque ésta entorpece el aprendizaje, fomenta el desinterés y destruye la autoestima. Así, aprender es un concepto bastante especial: aprender implica muchos niveles de la conciencia como el afectivo, físico, social y espiritual, rebasando por completo lo puramente cognitivo y memorístico.
Reconocer a cada persona, mediante la educación, como un ser único y valioso, significa conocer y también aceptar todas las diferencias individuales. No somos sumandos de una suma, luego a los seres humanos no se les puede ni etiquetar ni colocar el signo del igual.


jueves, 1 de junio de 2017

La lectura es la base

DIARIO CÓDOBA / EDUCACIÓN
En mis largos años de ejercicio en las aulas y tras pasar por todos los niveles y compartir vivencias con todo tipo de alumnos, he concluido en ciertos aspectos importantes en cuanto al aprendizaje se refiere. Uno de ellos, y que afecta a gran parte de alumnos con indicios de fracaso, está referido, precisamente a la lectura. Es decir, los alumnos que no comprenden lo que leen, acaban por abandonar los libros y sobre todo los libros de texto que vienen a ser auténtica tortura para su estudio. Creo que con esto no digo nada nuevo, ni desconocido por maestros y padres. No obstante ser una obviedad escasean los remedios o se eligen estrategias inadecuadas.
Recuerdo, y no es la primera vez que cito la anécdota, a un alumno que se negaba a leer ni tan siquiera un párrafo de sus libros de texto. Le propuse, y le proporcioné un libro, del que soy autora. Se lo dediqué y se lo regalé. En la contraportada del libro figuraba mi currículum y una pequeña fotografía. 
Le sorprendió muy favorablemente encontrarme en el libro como autora, pero mucho más me sorprendió a mí descubrirlo, hasta en las filas para entrar a clase, embebido en la lectura del libro.
¿Qué había ocurrido? Sencillamente: aquel libro escrito por su maestra, le despertaba por primera vez en sus once años, interés y curiosidad. Ya sé que esta estrategia no está a la mano de todos los educadores pero, en cualquier caso, habrá que buscar para cada alumno la más apropiada, y para ello contar con algunos principios básicos y elementales que hay que tener en cuenta. 
Lo esencial y elemental, conocer al alumno, en particular, y a los alumnos en general, a fin de elaborarnos las estrategias a seguir, con independencia del nivel que cursen. Si no saben leer -  pueden estar terminando bachiller, pongo por caso-, habrá que empezar por enseñarlos. Jamás dejarlos perdidos y exigirles que den lo que no tienen. porque eso lo llevará, inevitablemente, al fracaso total, antes o después.
Busquemos estrategias d motivación para todos y cada uno de nuestros alumnos.